¿Has caído en alguna “Trampa vital”?¿Cómo salir de ella?

Por Carmen Guerrero Escobar el octubre 9, 2015 en Cerebro, Psicoterapia
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“Relaciones insatisfactorias, ausencia irracional de autoestima,

sentimientos de insatisfacción:

todos estos problemas se pueden resolver

a través del cambio en los tipos de mensajes

que las personas interiorizamos.”

 Jeffrey Young

Una trampa vital:  patrón que se inicia en la infancia y se repite durante toda la vida. Empieza como algo que nos transmiten nuestras familias u otros niños. Si una vez fuimos abandonados, criticados, sobreprotegidos, maltratados o rechazados, en cierta manera nos perjudicaron y la trampa vital conforma una parte de nosotros. Con el tiempo abandonamos el hogar donde hemos crecido y repetimos esas mismas situaciones en que somos maltratados, despreciados, desvalorizados o controlados, lo que provoca que fracasemos en el logro de nuestros objetivos más deseados.
Determinan cómo pensamos, sentimos, actuamos y nos relacionamos con los demás. Conllevan sentimientos de ira, tristeza, y ansiedad, incluso cuando parece que lo tenemos todo, ya sea posición social, un matrimonio ideal, el respeto de las personas próximas o el éxito profesional, a menudo somos incapaces de saborear la vida o valorar nuestros éxitos. Luchan por sobrevivir aunque sean autodestructivas.
Todo esquema sería el resultado de la interacción entre nuestras tendencias hereditarias o temperamento y las experiencias tempranas vividas ( cómo nos criaron).

Jeffrey Young, en su libro “Reinventa tu vida” y en el marco de su Terapia de esquemas, diferencia entre las siguientes trampas vitales:

  1. Abandono: Siento temor a que las personas que quiero me dejen solo y por tanto me aferro demasiado a ellas; tanto así que fomento su alejamiento.
  2. Desconfianza y abuso: Siento temor a que los demás se burlen de mi, me dañen, manipulen o se aprovechen de mi. La desconfianza me impide intimar con los demás y me cierro en mi mismo.
  3. Dependencia: Siento que soy incompetente e incapaz de afrontar mi vida sin que alguien me ayude constantemente. Busco relaciones con personas fuertes.
  4. Vulnerabilidad: Siento que un desastre va a ocurrir en cualquier momento y que el mundo es un lugar inseguro. Siento miedos excesivos y poco realistas, pero no puedo evitarlos. Tengo alguna fobia o temor importante.
  5. Privación emocional: Siento que mis necesidades de amor nunca van a ser correspondidas. Nadie me entiende y nadie me ama como quiero.
  6. Exclusión social: Siento que soy diferente a los demás y por eso me aíslo.
  7. Imperfección: Siento que soy eternamente imperfecto y defectuoso. Si alguien supiese como soy, dejaría de quererme.
  8. Fracaso: Siento que soy un inútil en lo que hago. Soy peor que el resto.
  9. Subyugación: Siento que debo sacrificar mis necesidades y deseos para agradar a los demás o satisfacerlos.
  10. Normas inalcanzables: Debo satisfacer expectativas elevadas en relación a lo económico, el orden, la belleza o el reconocimiento,  aún si tengo que sacrificar mis relaciones interpersonales, mi tiempo de ocio o felicidad.
  11. Grandiosidad: Siento que soy especial y puedo pensar, actuar y expresarme como quiero en el momento que quiera.

Para saber si estás atrapada en alguna de las llamadas ” Trampas vitales” hazte estas preguntas:

  • ¿Tienes miedo de mostrar a los demás cómo eres en realidad, pues piensas que te podrían rechazar por ello?
  • ¿Antepones las necesidades de los demás a las tuyas propias, de modo que nunca logras satisfacer tus necesidades?
  • ¿Te invade el pánico cuando alguien a quien quieres te deja o te amenaza con ello?
  • ¿Te sientes constantemente preocupado por los desastres naturales, por perder todo tu dinero, por contraer alguna enfermedad grave o por tener un accidente de avión?
  • ¿Te sientes inútil comparado con las personas que te rodean?
  • ¿Crees que, independientemente del éxito que tengas, te sentirás siempre infeliz, insatisfecho o indigno de todo?
  • ¿Sacrificas tu propia relajación y las cosas que te gustan por intentar convertirte en el mejor?

¿Cuál es el entorno de crianza más saludable ?

Seguridad, autonomía gradual, autoestima, autoexpresión, límites realistas y oportunidades para formar relaciones con los demás. ( Winnicott ).
 1) la seguridad básica y afecto seguro que permita que el niño(a) se sienta querido y protegido por sus padres sea de forma física y/o emocional,
2) la autonomía que permita que el niño(a) sea responsable de sus actos, tome decisiones sin que los padres se impongan a ello.
 3) relación con los demás y expresión de nuestras emociones haciendo que el niño pueda emitir emociones y/o expresiones hacia los demás y también consigo mismo.
 4) la autoexpresión:  que sepa cuáles son sus derechos como niño(a) sin represiones (espontaneidad)
 5) límites que el niño(a) lleve un control de sus conductas con los demás y con el mismo.
Al no satisfacer una o más de estas necesidades, se crean los esquemas mal adaptativos.

¿Qué estilo tenemos ante las trampas vitales?

Ante dichas trampas es posible aceptarlas y mantenerlas, evitarlas (pretender evadirnos de la misma a través de alcohol, drogas, trabajo, etc., pero sin enfrentarnos a ella) o compensarlas (pensar, sentir y actuar de manera contraria a la trampa, negando su existencia).

¿Cómo se rompen con estas trampas vitales?

La terapia de esquemas, facilita y guía el proceso de cambio rompiendo con tales estilos de pensar, sentir y actuar, lo que genera un malestar inicial resultado de la natural resistencia a desvincularse de aquello conocido, aunque insatisfactorio, y adentrarse en nuevas formas de entender y comportarse. Hay que empezar por identificar las trampas existentes, comprender el origen de las mismas, entrando en contacto con el dolor y sufrimiento experimentado, rebatiendo la trampa vital tanto intelectual como emocionalmente, desahogando el dolor experimentado y satisfaciendo las necesidades insatisfechas, modificando los patrones de conducta personal e interpersonal asociados a dicha trampa, en particular las relaciones de pareja inapropiadas y los hábitos autodestructivos, persistir en el cambio siendo paciente y perdonarse por los errores que se hayan cometido.

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