El tarro de piedras

Por Carmen Guerrero Escobar el septiembre 10, 2014 en Cuentos, Metáforas terapéuticas
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Un día, un viejo profesor de la fue contratado para dar una formación sobre la planificación eficaz de su tiempo a un grupo de quince ejecutivos de grandes compañías norteamericanas.

Este curso constituía uno de los cinco talleres de su jornada de formación. El viejo profesor no tenía entonces sino una hora para “hacer pasar su materia”.

Parado, delante de ese grupo de élite (que estaba listo a anotar todo lo que el experto le iba a enseñar), el viejo profe los miró uno por uno, atentamente, y les dijo “Vamos a hacer un experimento”.

Debajo de la mesa que lo separaba de sus alumnos, el profesor movio un inmenso tarro de vidrio de más de 4 litros, que puso delicadamente en frente suyo.

Luego sacó alrededor de doce piedras tan grandes como bolas de tenis y las depositó
cuidadosamente, una por una en el gran tarro.

Cuando el recipiente se llenó hasta el borde y era imposible agregarle una sola piedra más, levantó lentamente los ojos hacia sus alumnos y les preguntó:

“¿Les parece que el tarro está lleno?”

Todos respondieron: “Sí.”

Esperó unos segundos y agregó : “¿Están seguros?”

Entonces, él se agachó de nuevo y sacó de debajo de la mesa un recipiente lleno de piedrecillas. Con mucho cuidado, él agregó las piedritas sobre las piedras grandes y sacudió ligeramente el tarro.

Las pequeñas piedras se infiltraron entre las grandes… hasta el fondo del tarro.

El viejo profesor levantó nuevamente los ojos hacia su auditorio y reiteró su pregunta:

“¿Les parece que el tarro está lleno?”

Esta vez sus brillantes alumnos comenzaron a entender su manejo.

Uno de ellos respondió: “¡Probablemente no!”

“Bien”, respondió el viejo profesor.

Se agachó nuevamente y esta vez sacó de debajo de la mesa una bolsa de arena. Con mucho cuidado agregó la arena al tarro.

La arena rellenó los espacios existentes entre las piedras y las piedritas.

Una vez más, preguntó: “¿Les parece que el tarro está lleno?”

Esta vez sin pensarlo dos veces y en coro, los brillantes alumnos, respondieron:

“¡No!”

“¡Bien!”, respondió el viejo profesor.

Y como se esperaban sus prestigiosos alumnos, el hombre cogió la botella de agua que estaba sobre la mesa y llenó el tarro hasta el tope.

El viejo profesor levantó entonces los ojos hacia su grupo y preguntó:

“¿Qué gran verdad nos demuestra esta experiencia?”

Sin estar loco, el más audaz de sus alumnos, reflexionando sobre el tema de este taller, respondió:

“Esto demuestra que incluso cuando creemos que nuestra agenda está completamente copada,
si lo deseamos realmente, podemos agregar más citas, más cosas para hacer.”

“No”, respondió el viejo profesor.

“No es eso. La gran verdad que nos muestra esta experiencia,
es la siguiente:”

“Si uno no mete las piedras grandes primero en el tarro, jamás podría hacer entrar el resto después.”

Hubo un gran silencio, en el que cada uno estaba tomando conciencia de la evidencia de estos propósitos.

El viejo profesor, dijo entonces:

“¿Cuáles son las piedras grandes en sus vidas?”

“¿Su salud?”

“¿Su familia?”

“¿Sus amigos?”

“¿Realizar sus sueños?”

“¿Hacer lo que aman?”

“¿Aprender?”

“¿Defender una causa?”

“¿Relajarse?”

“¿Tomarse el tiempo…?”

“¿O cualquier otra cosa?”

“Lo que hay que retener, es la importancia de meter esas PIEDRAS GRANDES en primer lugar en la vida.

‘Quiero que se den cuenta que este tarro representa la vida’.

Las piedras son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, …

Son cosas que, aún si todo lo demás lo perdiéramos y solo éstas quedaran, nuestras vidas aún estarían llenas.

Las piedrecillas son las otras cosas que importan, como el trabajo, la casa, el coche, etc.

La arena es todo lo demás… las pequeñas cosas.

‘Si ponemos primero la arena en el tarro, no habría espacio para las piedrecillas ni para las piedras.

Lo mismo ocurre con la vida’.

Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes.

Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad.

Juega con tus hijos, dedica tiempo a revisar tu salud, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o afición favoritos, siempre quedará tiempo para limpiar la casa y reparar la llave del agua.

Ocúpate de las piedras primero, de las cosas que realmente importan.

Establece tus prioridades, el resto es solo arena…

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