Duelo por una mascota en la infancia. Reflexiones y pautas.

Por Carmen Guerrero Escobar el diciembre 6, 2017 en Duelo, Emociones, Familia, Niñas y niños
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Los vínculos afectivos que se crean en la infancia incluyen no solo a padres, hermanos, familiares y amigos,  sino que se extienden frecuentemente a las mascotas que conviven con los niños. A veces, estos lazos entre un niño y su mascota son fuertes y significativos, similares a los que se crean entre los seres humanos. En la práctica clínica con menores, es frecuente que cuando se les pide que hagan un dibujo o una representación con miniaturas en la caja de arena sobre su familia, incluyan animales en sus composiciones. Y es que estos animales juegan un papel importante en el mundo afectivo del menor, intercambiando con ellos momentos de diversión, de juegos, de cuidados, así como de accidentes, enfermedades y de la misma muerte.

¿Cómo acompañar a los niños en el proceso de duelo de su mascota? Aunque en cada caso el modo de actuar con ellos será diferente, según las circunstancias de la muerte del animal, el momento del desarrollo del niño, su historial de pérdidas, su personalidad, etc, propongo las siguientes pautas generales para que los niños puedan integrar la pérdida de su querido compañero animal de la manera más sana posible:

Dosificar la información de la mala noticia: si el niño no ha estado presente en la muerte de su mascota, procurar darle la noticia del fallecimiento en pequeñas dosis. Por ejemplo, comunicarle primero que está enfermo, luego que está “muy muy muy” enfermo aunque se está haciendo todo lo posible por curarlo, para terminar anunciando que ha muerto.

Responder a todas sus preguntas con mensajes que incluyan verdades útiles. Omitir la los detalles de la información de las circunstancias de la muerte si son potencialmente impactantes para el niño. Aportar los datos útiles que el niño pueda entender y manejar. Los mensajes deben de ser cortos, claros y adecuarse al vocabulario y la capacidad de asimilación del niño. No mentirle ni dejara abierta la esperanza de que el animal volverá. Sabemos que sobre lo que pasa después de la muerte no tenemos respuestas contrastadas suficientemente para las mentes racionales, pero el niño necesita rellenar sus lagunas de dudas con creencias o mitos válidos para integrar la experiencia de pérdida en función de su nivel madurativo. Suele ser válido para muchos niños la siguiente explicación:  tras la muerte, la parte del cuerpo se separa de la del alma que vivía dentro. El cuerpo lo enterramos o incineramos y podemos despedirnos de él y visitarlo en un lugar concreto. El alma se funde mágicamente con todo lo que nos rodea en la tierra y en el universo. El ser querido existe en los recuerdos del corazón, pero no volverá a ser como era antes de morir. 

-Tratar con el niño el tema de muerte con naturalidad. Precisamente la pérdida de una mascota es una valiosa, aunque triste, ocasión para dialogar sobre la muerte con los niños. En nuestra sociedad, el tema de la muerte se esconde del mundo infantil, impidiendo que nuestros menores la integren como parte de la vida. Dejar un canal de comunicación abierto entre los niños y los adultos para hablar de lo que duele y para hacer las preguntas que sus mentes en desarrollo aparezcan al respecto, garantiza una buena conexión con ellos y una sana elaboración del duelo por la pérdida de los seres queridos.

Validar sus emociones. Evitar que nadie le exprese que es un “exagerado por llorar” o que “solo era un animal y no es para tanto”. Darle espacio para expresar sus sentimientos y formular sus preguntas, sin juzgarlo, con todo nuestro amor. Hacer que se sienta sentido en su momento de duelo. La muerte forma parte de la vida, y lo entendemos, pero el dolor de despedirnos de los seres queridos es el precio que pagamos por vincularnos a ellos.

Crear con el niño un libro de la historia de la mascota: Junto con el niño, reunir fotos y escribir textos sobre la trayectoria de vivda del animal, para fabricar un librito que cuente vuestra relación con él desde que llegó a vuestra vida hasta su fallecimiento. Hoja a hoja, dejar que el niño participe, según su edad, en pegar fotos, escribir frases, poner fechas, crear una portada, decorarlo, etc. Permitir que afloren emociones, reflejarlas, compartir también las vuestras. Dar el espacio que necesite esta actividad hasta completarla. Este librito lo tendremos cerca el tiempo necesario, para repasarlo y seguir reprocesando la pérdida. Servirá para que el niño integre la experiencia de la pérdida de manera más sana, sintiendose acompañado y sentido.

Carmen Guerrero Escobar

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