¿Cómo fortalecer la autoestima en los niños?

Por Carmen Guerrero Escobar el junio 26, 2014 en Niñas y niños
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La autoestima es una vivencia y juicio de valor sobre sí mismo y sobre las relaciones y responsabilidades para consigo mismo, para con los otros y con el entorno, es decir, tener autoestima equivale a quererse a sí mismo aceptando nuestros propios logros y limitaciones.
ESTRATEGIAS PARA FORTALECER LA AUTOESTIMA:
  • Como padre o madre y como educador, intenta siempre elogiar los éxitosde los niños (aunque sean muy pequeños).
  • Demuestra cariño de una forma natural, auténtica y sincera. Expresa y haz saber verbalmente tu sentimiento.
  • Es mejor sugerir a los niños qué cosas pueden y deben hacer, en lugar de ordenar lo que no deben realizar o lo que se les prohíbe. La actitud positiva prepara cognitivamente al niño para hacer las actividades que se le propongan. En lugar de: “No juegues aquí con esa pelota”, díle: “Puedes juegar con la pelota en el patio”.
  • Deja claro y haz saber a los niños que sus errores son una parte natural del crecimiento. Todos, incluyendo los adultos, cometemos errores. No enfatices los fallos, refuerza los éxitos.
  • Siempre que puedas procura ignorar o no dar demasiada importancia a las conductas infantiles cuando son discretamente desadaptadas: por ejemplo, las ragietas; busca un momento adecuado y manifiesta tu descontento, pero procura no minusvalorar la conducta de un modo público, en presencia de amigos o compañeros.
  • Muestra agradecimiento a los niños cuando éstos cooperen, cuando te ayuden, cuando se expresen de manera adecuada hacia los demás, cuando obedezcan y reaccionen de forma positiva.
  • Responde afectuosamente y alaba verbalmente a los niños si se portan bien. Explicita con franqueza qué fue lo que te gustó de su comportamiento.
  • Sugiere actividades que los niños puedan superar con moderada dificultad.
  • Cuando un niño se porte mal, aprende a separar el mal comportamiento de la personalidad del niño. No le digas “eres malo”, dile por ejemplo: “No me gusta cuando tiras los juguetes”.
  • Si comentamos de él algo positivo, procurar que lo oiga. Puedo decirlo en voz un poco más alta. Puedo mirarle al decirlo o invitarle a que se acerque mientras hablamos. Ejemplos típicos de estas situaciones son las conversaciones entre adultos cuando vamos andando con ellos, cuando estamos en el salón de casa o vamos por los pasillos de la escuela.
  • Si hago alguna crítica con alguien del niño  debo intentar que no la escuche. A veces, no lo evitamos sencillamente porque no nos damos cuenta de su presencia. Otras veces, no nos importa e incluso queremos que lo oiga. Nuestra intención puede ser la mejor: estimularle para que cambie. Pero el efecto suele ser el contrario: se siente criticado y además avergonzado ante terceras personas. Si alguien comienza a hacer alguna crítica de él puedo:
    • Invitar al niño a irse a otro lugar con cualquier excusa.  Ej: “vete a tu habitación”.
    • Cortar la conversación y aplazarla para otro momento o en otro lugar. Situaciones típicas son los diálogos entre padres y profesores o las discusiones entre padres.
  • Estar muy atento en esas situaciones en las que “no está atendiendo”. Hay ocasiones en las que creemos que no se da cuenta y sin embargo está captando gran parte de lo que decimos. Ejemplos típicos pueden ser cuando hablamos por teléfono, cuando mira los dibujos animados de la tele, cuando parece estar dormido o cuando creemos que es demasiado pequeño para entender lo que decimos.
  • Felicitar constantemente los logros de los menores. La felicitación debe ser algo frecuente. A veces, nos cuesta hacerlo porque es más fácil ver los errores que los aciertos.
  • Resaltar que lo ha hecho bien o “mejor que antes”. Si hablamos de niños, por su propia naturaleza, siempre será imperfecto o mejorable. Es difícil que un niño haga algo excepcional. Si somos exigentes tendremos dificultades para felicitar. Si nos fijamos en los avances o en lo que sencillamente está bien, las ocasiones para felicitar serán más elevadas.
  • Acompañar el gesto con la verbalización de la felicitacióncorrespondiente. Las palabras de felicitación deben ir acompañadas de gestos, tonos, contacto físico y de cuantos elementos de comunicación no verbal sean acordes a esa felicitación. Un “muy bien” dicho con desgana es difícil que se sienta como una felicitación.

EVITAR:

  • Calificar de malos o torpes a los hijos/alumnos por cometer un error. Los repetidos mensajes del adulto diciendo lo malo que es el niño, llegarán a convencerle de que él no es capaz de hacer las cosas bien, produciéndose el llamado Efecto Rosenthal, que consiste en una confirmación por parte del niño de las creencias que tienen los padres o profesores.
  • Sorprender siempre a los chicos cuando no se están comportando de forma positiva y/o esperada y nunca reforzarles cuando se portan de modo adecuado. La carencia de refuerzos positivos hace que las conductas adaptadas no se repitan. Es posible que al no reforzar modos de comportamiento adaptados, aparezcan conductas desajustadas en un intento de llamar la atención.
  • Transmitir al niño constantemente la idea de que es incompetente.Esta actitud vuelve al niño incapaz, inseguro, dubitativo, siempre a la espera de intentar ser lo que no es en cada etapa de su vida. Esta actitud es muy propia de profesores y padres perfeccionistas.
  • No darle responsabilidades supervisadas ni permitirle pensar por sí mismo. Si directa o subliminalmente enviamos constantes mensajes a los niños dándoles a entender que no creemos que puedan hacer correctamente las cosas y ni tan siquiera les permitimos intentarlo, estamos potenciando que los chicos perciban múltiples dudas sobre sí mismos, sobre sus posibilidades de autorrealización. El niño se enfrentará a las tareas con miedo, temor e incertidumbre.
  • Ofrecer a los niños un modelo pobre sobre nosotros mismos, infravalorándonos, mostrándonos poco competentes. El niño asimila de modo inconsciente estos modelos de identificación.
  • Criticarles duramente cuando cometen errores en lugar de sugerirles soluciones y enseñarles a descubrir las causas que les condujeron al fracaso. La crítica permanente genera incertidumbre, odios, resentimientos, en algunos casos, agresividad. En otros casos, el niño se repliega e inhibe su acción.
  • Hablar negativamente de los niños cuando están presentes. Este comportamiento de los adultos, puede provocarles sentimientos de soledad, inferioridad e indefensión aprendida.
  • Evitar el trato afectuoso, el contacto físico, manteniendo demasiado las distancias. Las carencias de muestras físicas de afecto: tocar, jugar, acariciar, besar, puede conducir al niño a interiorizar la noción de que no es digno de que se le abrace y se le quiera.
Fuente:  “Autoestima Infantil”, Ruth Rodríguez.

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